Pararse en la frontera de lo que puede un cuerpo implica salirse de uno mismo, ondear entre el adentro y el afuera de aquello que resuena en el ser. Silenciar el ruido del mundo que siempre corre a colonizar y delimitar con sus rutinas, tediosas y carentes, la esencia de los diferentes estados del yo. Performar un cuerpo, que ha sido leído como objeto y reflejo de otros, es una tarea que requiere buscar estados de meditación en los cuales el cuerpo y el alma se vuelvan uno.
Se trata de ser sustancia inherente, de permitirse ser permeado por el sentimiento, la experiencia, lo imaginario y lo somático. A través de practicar, como si fuera un mantra, el movimiento de lo aprendido y de lo imaginado, crear el ritmo en el que se mueve el propio cosmos, el propio cuerpo.

Luisa Fernanda Robles (Bogotá – Colombia, 1997)
Un cuerpo que resuena, 2020
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