Despertar, salir de la cama con los ojos cerrados, caminar, tocar y sentir, tocar de nuevo. La superficie entre mis manos es fría y templada a la vez, lisa y áspera,  dura y frágil, con sólo el tacto no logro identificar qué es lo que estoy palpando, los sonidos y olores que produce el objeto que está entre mis manos me son familiares, pero nunca los sentí ni los olí dentro de casa. Permanecer con los ojos cerrados hace que mis pensamientos queden suspendidos en una realidad paralela, el objeto se hace cada vez más difuso. Quizás la dificultad no está en e  mismo objeto sino en las formas y significados que como seres racionales le atribuimos a eso que consideramos diferente a lo humano. Los inanimados anónimos se desprenden de sus atuendos más formales para darle paso a la especulación de sus formas y características más sensuales, objetos que se liberan del poder de la palabra y construyen nuevas visiones. Nuevos espacios posibles que nos dejan con más preguntas que respuestas, espacios que pretenden quebrar las estructuras macizas en las que erigimos la vida dando paso a relaciones otras, verdades otras.

María José González Caro (Bogotá- Colombia, 1995)
Inanimados Anónimos, 2020
Video instalación

8m x 4,50 m

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